Gran
parte de la documentación que he leído sobre bilingüismo destaca el método OPOL
("One person One language) como el idóneo para ayudar a un bebé a
convertirse en bilingüe. Entiendo las virtudes de este método; básicamente, que
al asociar una persona con un idioma, evitamos en el niño cierta fase de
confusión que a veces le hace mezclar ambos idiomas. Además, es el método
perfecto para aquellos niños cuyos progenitores tienen distinta procedencia, ya
que cada uno puede hablarle en su propia lengua materna.
Casi
se me ocurre pensar, que para esos casos, yo no buscaría ningún tipo de
metodología. Lo fácil es que cada miembro de la familia le hable al niño en su
idioma, no hay más misterio. Mi blog se dirige a aquellos padres, que comparten
lengua materna, pero que aún así, desean exponer a sus bebés a una segunda
lengua, a costa de su propia comodidad y conscientes de todos los beneficios
que esto le puede reportar a su hijo (y no me refiero solamente a los sociales
o intelectuales, pero esto lo dejamos para otro capítulo...)
Pues
bien, mi método - y me atribuyo la autoría porque como bien os he dicho en mi
primera entrada estoy experimentando - es una adaptación del método OPOL. En
realidad, sigue siendo One person One language, pero en este caso, One person
que soy yo, hace el esfuerzo constante de hablarle a su hijo en inglés. Esto
quiere decir, que su padre, y el resto de su familia, le hablan en español, y
tan sólo yo soy la encargada de su inmersión lingüística y cultural inglesa.
Todo un reto ¿no? Si, lo es, os lo puedo asegurar. Os lo explico.
1.
Puedo decir con orgullo que mi nivel de inglés es alto, y eso me da cierta
"tranquilidad" - al menos de momento - para hablarle a mi hijo en esa
lengua, pero no puedo negar lo duro que se hace en muchos momentos dirigirte a
tu hijo en una lengua que no es la tuya y perderte la complicidad y la ternura
que dan muchos de los diminutivos o términos a los que uno está acostumbrado en
su lengua (Quizás también debería hacer una entrada sobre "Flexibilizar el
método"... :)
2.
Reconozco que al principio me daba cierta vergüenza que la gente me escuchara
por el supermercado, o por la calle hablando con el niño en inglés... (Ya
sabéis, típico complejo español sobre "seguro que pronuncio fatal" o
"fijo que esto no se decía así...") Pero ahora me da absolutamente
igual, de verdad, y si noto que alguien me mira, le dedico una sonrisa :)
3.
Mi hijo A. sólo tiene 7 meses, así que hasta ahora, mi vocabulario con él ha
sido bastante limitado, aún así mi método exige estar siempre aprendiendo
(palabras que nunca había utilizado y que ahora son mi día a día: pañales,
biberón, chupete, etc... )
4.
Todos somos humanos, y tenemos días mejores y peores, y os prometo que los días
malos - por el motivo que sea - se hace cuesta arriba tener que hablar con
vuestro hijo en inglés, así que a veces acabo hablándole a A. en español .
Confieso que no es lo recomendable, pero siempre es mejor eso, a que a su madre
le dé un ataque de nervios.
5.
Según la mayoría de métodos para favorecer el bilingüismo, incluido el OPOL, el
bebé/niño debe estar en contacto con el
otro idioma en un 40 0 50% del tiempo. Yo confieso sentirme más que satisfecha
si lo hago en un 30% (unas 3 o 4 horas al día). (Recordadme también que
hablemos del contacto pasivo con la otra lengua: no todo tiene que ser hablar,
y hablar y hablar... gracias a Dios los niños aprenden de mil maneras!!)
Bueno,
pues a pesar de todo lo que os he dicho hasta aquí, voy a contaros un secreto:
¡MERECE LA PENA! De verdad que la merece... A veces se hace cuesta arriba, pero
es cuestión de disciplina -como todo- y os prometo que la sensación de
satisfacción cada día que me acuesto y repaso mentalmente todo lo que he hecho
con A. en inglés (de lo que le he hablado, lo que le he cantado, etc) no tiene
precio. Supongo que más adelante, si veo que mi hijo se desenvuelve bien en
inglés, pensaré que el esfuerzo ha valido la pena. Pero os prometo que no hace
falta esperar. Cómo os contaré en la próxima entrada, los motivos que me llevan
a criar a mi hijo en el bilingüismo son muchos, y algunos poco tienen que ver
con lo estrictamente lingüístico.
De
todos modos, para las personas eminentemente prácticas les diré otra ventaja:
no os podéis ni imaginar la de inglés que uno mismo aprende/repasa con este objetivo.
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